Hoy se cumplen dos años de la trágica DANA que asoló nuestros pueblos y sesgó la vida de 233 personas. En este segundo aniversario, desde UGT Serveis Públics del País Valencià mantenemos intacto nuestro recuerdo a las víctimas y las familias afectadas, y reafirmamos el discurso que hemos sostenido desde el primer minuto, cimentado sobre dos realidades incontestables: la mala gestión política que se hizo de la catástrofe y la vital importancia de lo público.
La gestión de la tragedia evidenció una negligencia por parte del Gobierno valenciano. El presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, falló en el ejercicio de su máxima y más básica competencia: proteger la vida de la ciudadanía. La falta de respuesta adecuada y la elusión de responsabilidades durante los momentos más críticos conforman un fracaso institucional que no puede borrarse.
Frente a esa inacción, el verdadero escudo de la sociedad lo levantaron los empleados y empleadas públicas. Los servicios de emergencias, policías, bomberos y el personal de administración local conformaron la primera línea de choque y rescate. Simultáneamente, el personal sanitario y el profesorado se dejaron la piel más allá de sus obligaciones, quitando barro de calles y colegios, sosteniendo la atención médica en el caos y acogiendo a un alumnado profundamente golpeado. Muchos de estos profesionales fueron también víctimas directas de la riada, perdiendo sus hogares y pertenencias, y aun así acudieron a su puesto de trabajo. Una entrega absoluta que desde este sindicato ya reconocimos y homenajeamos con orgullo durante nuestro último Congreso Nacional.
Con motivo de esta fecha, hemos elaborado un documento audiovisual para reflexionar sobre lo vivido y reivindicar el trabajo de las plantillas. En él, Fernando Millán (secretario de Administración Local), Maite Tarazona (secretaria de Educación) y Eva Plana (secretaria de Sanidad)) echan la vista atrás para poner voz a la memoria de aquellos días y al esfuerzo de sus respectivos sectores.
El recuerdo de esta tragedia nos obliga a exigir responsabilidades políticas ineludibles y a defender, hoy con más firmeza que nunca, unos servicios públicos fuertes, dignificados y bien dimensionados. Como demostraron en nuestras horas más oscuras, son la única garantía real de supervivencia y protección cuando todo lo demás falla